jueves, 7 de noviembre de 2013

Enfrentándonos al cáncer de mama: del miedo a la esperanza

Hoy recibimos a una persona muy especial para la Escuela de Pacientes. Ella se llama Rocío, ha pasado por un cáncer de mama y hace más de un año se incorporó como formadora del proyecto en la provincia de Granada. Os la presentamos a través de esta entrevista, en la que nos cuenta qué supone para ella participar en esta gran familia. Desde aquí queremos agradecerle su gran labor. ¡Gracias Rocío! 

Rocío Fernández
Me llamo Rocío y soy paciente de cáncer de mama desde el año 2006. Posteriormente me hice formadora del Aula de Cáncer de Mama de la Escuela de Pacientes.  Esta labor la realizo de forma voluntaria y gratuita. ¿Qué recibo a cambio? El bienestar y la satisfacción de ayudar a personas que se sienten perdidas desde la perspectiva de otra paciente, desde mi experiencia de haber pasado por lo mismo.

¿Cómo conociste la Escuela de Pacientes?
La Asociación de Mujeres Mastectomizadas (AMAMA), que hace una gran labor con las mujeres que son diagnosticadas de un cáncer de mama, fue la que me puso en contacto con este proyecto. La Escuela de Pacientes solicitó un número de personas y entendieron que yo daba el perfil. 

¿Qué te llevo a ser formadora?
Bueno, yo pasé todo el proceso de la enfermedad sola y sin saber por dónde comenzar. Posteriormente conocí AMAMA y la cosa cambió. Pensé en la cantidad de personas que estarían necesitadas de ayuda y de mi experiencia y esto lo uní a mi carácter optimista que me caracteriza. Me entusiasmé con la idea. 

¿Cómo crees que ayuda este tipo de talleres a las mujeres que le diagnostican un cáncer de mama?
Es importante la formación entre iguales porque la barrera del principio es menor y sienten que la persona que las acompañan entienden perfectamente a qué se refieren. Además, existe una confidencialidad sobre lo que allí se habla y una comprensión de las dudas, los miedos, etc.

¿Qué temas abordáis en los talleres?
Taller en el que Rocío se formó como formadora.
Pues hablamos sobre la actividad física y el descanso, la importancia de la prevención del linfedema, aprendemos técnicas de relajación como la respiración abdominal. También abordamos la alimentación, cómo llevar una dieta más sana, compartimos trucos para minimizar los riesgos de los tratamientos y recetas sencillas, sanas y apetecibles. 
También tratamos la imagen, aprendiendo algunos trucos para maquillarnos durante los tratamientos, cómo ponerlos las pelucas o los pañuelos. Además de las relaciones sociales, familiares y de pareja. Por último, elaboramos un plan de acción, nos proponemos hacer algo que nos va a hacer sentir mejor y, a través del refuerzo del grupo, intentamos cumplirlo durante la semana. 

Alguna anécdota...
Una mujer que asistió a uno de los talleres compartió con todas nosotras que el no haber hablado con sus hijos sobre el diagnóstico fue nefasto y su hija no lo aceptó. Ella no podía hablar esto con nadie y lo compartió con nosotras, dejó la presión que tenía...

En otra ocasión una señora mayor tenía una gran preocupación sobre cómo enfrentar su sexualidad con un cáncer de mama. Cuando lo planteó en el taller, hizo que la vergüenza desapareciese y todas quisieron participar contando su experiencia. Se convirtió en el punto principal del taller.

¿Qué te está aportando? 
Ser formadora de la Escuela de Pacientes me está aportando mucha satisfacción. Para mí es más lo que me llevo que lo que aporto. La alegría de pensar que hay mujeres que cambian su pesimismo y miedos por esperanza. El ver el ambiente que se genera en los talleres entre personas que no se conocían antes.

Rocío Fernández


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